Hace años dediqué bastante tiempo al mercadeo en red. Entre sus múltiples discursos, había uno que incluso tenía libro propio: el del “capitalismo solidario”. Sonaba maravilloso 🤝✨. La idea de que las corporaciones dejaban de captar todas las utilidades de manera egoísta y empezaban a compartirlas con las personas que “trabajaban el negocio” era muy seductora. Según ese relato, cualquiera, con poco capital, podía crear riqueza porque las empresas ahora eran generosas y justas.
Pero cuando uno deja de estar cegado por el deslumbramiento que estas empresas generan, empiezan los cuestionamientos 😕🧠. Y es ahí cuando te das cuenta de que las cosas no son tan mágicas como parecían al principio.

Mi cuestionamiento principal con este modelo tiene que ver con la forma real en que se distribuye el dinero dentro de esas redes de “empresarios”. En la práctica, hay un grupo enorme de personas que trabajan mucho, se esfuerzan, compran productos y dedican horas de su vida para obtener apenas una fracción muy pequeña del dinero que reparten las empresas 💸😓. Al mismo tiempo, existe un grupo muy reducido de personas que, gracias a redes gigantes ya construidas, gana cantidades absurdas de dinero gracias al esfuerzo acumulado de miles de personas debajo.
Al final, lo que uno ve es una versión en miniatura de la desigualdad social 🌍⚖️. Personas que, con poco esfuerzo directo en el presente, ya ganan cifras que pueden llegar al millón de dólares o más, mientras que otras básicamente pierden dinero. Claro, eso último nunca se llama “pérdida”, sino “inversión en construir la red”. Pero si uno se detiene a mirar con frialdad los números, la pregunta es inevitable: ¿qué porcentaje de personas logra realmente obtener grandes ingresos? La respuesta, observando datos y experiencias reales, es clara: mucho menos del 1% llega a un nivel de ingresos medianamente digno 📉📊.

Ahí es donde empiezo a pensar que estas empresas son, sobre todo, expertas en maquillar la información 🎭📢. Construyen discursos muy bien diseñados que juegan con los sueños, el tiempo y la vida de las personas. Me recuerda mucho a un comercial de Coca-Cola donde reconocen los problemas de salud asociados al consumo de sus bebidas, pero lo hacen de una manera tan emocional que la gente termina enamorándose aún más de la marca y con ganas de consumirla 🥤❤️. El problema no está solo en lo que dicen, sino en cómo lo dicen.
Algo que casi nunca se menciona es que gran parte de los ingresos de quienes están en la cima no proviene de ventas externas, sino del consumo interno de la propia red 🔄💳. Compras obligatorias, autoship y requisitos de volumen que sostiene la base hacen que, en la práctica, muchos distribuidores funcionen más como consumidores cautivos que como verdaderos empresarios. Así, el supuesto capitalismo solidario termina pareciéndose más a un sistema extractivo interno que a uno realmente redistributivo.
Aunque es un tema que quiero ampliar más adelante, cierro con una idea que me parece clave 🧩🚨. Estos discursos engañosos deberían ser regulados, pero existen motivaciones poco éticas que hacen muy conveniente que estas empresas de la llamada “industria de la felicidad” estén tan profundamente inmersas en la sociedad. Al final, si las personas creen que sus problemas económicos dependen únicamente de su mentalidad o de no haberse esforzado lo suficiente, y no de estructuras desiguales o de gobiernos corruptos, esos mismos gobiernos no tendrán ningún incentivo real para cambiar las cosas.



